Leyendo la famosa FAQ “anarquista”, que amablemente el Ateneo Virtual de Alasbarricadas.org ha traducido en parte, me encuentro con que probablemente, las diferencias entre el anarquismo de mercado y el anarcocomunismo sean menores de las que se creen, o al menos en teoría lo sean, porque existen todo una gama de prejuicios que permiten siquiera un debate fluido. Concretamente, la teoría laboral del valor (sección C.1.2) presentada por la mencionada FAQ lleva a conclusiones más cercanas al anarquismo de mercado y el mutualismo que al anarcocomunismo, tanto teóricas como normativas.
La teoría del valor que allí se defiende, sostiene, como es obvio, que el precio de los productos está determinado por la cantidad de tiempo de trabajo que cuesta producirlas. Esto no queda evidenciado en forma inmediata y directa en el capitalismo, sino que los precios tienden, en un mercado libre, a conformarse por el coste de producción más el “ratio medio de beneficios” [1]. Si bien los precios están determinados en la práctica por la oferta y la demanda, los determinantes objetivos tienen una influencia mayor que los subjetivos, y por lo tanto los costes son considerados la causa principal de los mismos. El coste de producción, con sus movimientos, indica a los empresarios dónde y cómo deben invertir, dando por resultado, mediante la competencia y los traslados de capital de actividades poco rentables a actividades más rentables, una tasa media de ganancia en el mercado. Como la misma FAQ explica:
Las conclusiones radicales de esta teoría laboral del valor, bien aplicada a los procesos de producción y distribución del capitalismo, es bien sabida por esta FAQ:
En realidad, esta teoría cae en varios errores lógicos. En primer lugar, los costos de producción también son precios, y no queda claro porqué es posible reducirlos a unidades de trabajo por unidad de tiempo [3], con lo que el resultado es un razonamiento circular, según el cual “los precios están determinados por los precios”. En segundo lugar, los precios de los bienes finales o de consumo son los que determinan los precios de los bienes de etapas previas o de producción, no viceversa. Afirmar lo contrario es contradecir la lógica temporal de los procesos productivos y la experiencia, como ha demostrado Menger. En tercer lugar, creer que costos más altos determinan precios más altos —aunque se esté en el llamado largo plazo—, es un absurdo económico de fácil refutación. Después de todo, ¿si los productores tienen el poder de subir sus precios sin importar la dimensión de la demanda ante un alza en sus costos, porqué esperar a que estos se den? ¿No sería más acorde con la premisa inicial, que “el beneficio es la fuerza motriz del capitalismo”, subir los precios de sus productos en el momento que lo deseen, y aumentar así sus beneficios? Sería más correcto afirmar que los costos determinan la tasa de beneficio, pero afirmar que determinan los precios es, evidentemente, una falacia.
Pero esta FAQ, al contrario, cae en un error aún mayor, y es el de asumir que el mercado libre conduce a la concentración de capital y a la formación de monopolios y oligopolios (ver sección C.4). Siendo que la diferencia entre un mercado concentrado y uno en el que predominan pequeñas empresas que compiten entre sí, son los altos precios y los beneficios extraordinarios que las grandes empresas pueden percibir, se deduce de ello que los precios no corresponderán, en tal caso, con los costos de producción. Es decir, esta FAQ establece que los precios no coinciden con el tiempo de trabajo ni en el corto, ni en el largo plazo. La defensa previa de la teoría laboral del valor, basándose en el apoyo empírico del largo plazo, se viene abajo al intentar atacar el libre mercado, con lo que dicha teoría pierde total relación con la realidad.
En definitiva, los anarcocomunistas comienzan adoptando una teoría contra el capitalismo que los conduciría a defender el libre mercado —como hiciera Proudhon—, pero para criticar el libre mercado adoptan una teoría que contradice la primera. Los anarcocomunistas deberán, o bien reconocer que el programa de Proudhon, Tucker, y los anarquistas de mercado, es coherente con la premisa que ellos mismos defienden: que el trabajador debe obtener el producto íntegro de su trabajo, y que todo salario inferior equivale a un robo, directo o indirecto, por parte de los capitalistas; o asumir que no tienen forma de demostrar que el capitalista explota al obrero, pero que el mercado libre tiende a la concentración y a los monopolios, premisa también sumamente discutible. Mientras la primera opción los llevará necesariamente a aliarse a los anarquistas de mercado, la segunda los llevará a un inevitable pseudo-estatismo. Mientras los anarcocomunistas sigan rechazando el anarquismo de mercado por temor a que desde el marxismo y otras tendencias de izquierda se los acuse de “individualistas”, y mientras desde el anarquismo de mercado se siga rechazando el anarcocomunismo por temor a que los liberales y los randianos los tilden de “colectivistas”, no existirá conciliación posible. Existirán diferentes tendencias que comparten más puntos en común que en contradicción, pero que se rechazan mutuamente por motivos ajenos a sus propios principios teóricos y prácticos.
[1] En terminología marshalliana esto se denomina “beneficios normales”, y está determinado, como ha demostrado Böhm-Bawerk, por la tasa de interés. Curiosamente, esta “teoría anarquista del valor”, como veremos, tiene mucho de marshalliana.
[2] Textualmente, dice: «Los primeros marginalistas… argumentaron que el precio reflejaba la utilidad en el “margen” (Jevons, uno de los fundadores de la escuela marginalista, argumentó que “el grado final de utilidad determina el valor”); pero ¿qué determinaba la posición del margen mismo? Está establecido por la disponibilidad de la oferta (“la oferta determina el grado final de utilidad”— Jevons); pero ¿qué determina el nivel de oferta? (“El coste de producción determina la oferta”— Jevons). En otras palabras, el precio depende de la utilidad marginal, que depende de la oferta, que depende de los costes de producción. En otras palabras, finalmente se basa en una medida objetiva (oferta o costes de producción) ¡en vez de evaluaciones subjetivas!».
[3] Las críticas de Böhm-Bawerk en este punto, han sido contundentes e incontestables. Ver Una contradicción no resuelta en el sistema económico marxista (1896). Si bien la crítica se dirige a Marx, la reducción de todo tipo de trabajo, sea especializado o simple, bajo la medida de “tiempo de trabajo”, es común a ambas teorías del valor.
La teoría del valor que allí se defiende, sostiene, como es obvio, que el precio de los productos está determinado por la cantidad de tiempo de trabajo que cuesta producirlas. Esto no queda evidenciado en forma inmediata y directa en el capitalismo, sino que los precios tienden, en un mercado libre, a conformarse por el coste de producción más el “ratio medio de beneficios” [1]. Si bien los precios están determinados en la práctica por la oferta y la demanda, los determinantes objetivos tienen una influencia mayor que los subjetivos, y por lo tanto los costes son considerados la causa principal de los mismos. El coste de producción, con sus movimientos, indica a los empresarios dónde y cómo deben invertir, dando por resultado, mediante la competencia y los traslados de capital de actividades poco rentables a actividades más rentables, una tasa media de ganancia en el mercado. Como la misma FAQ explica:
Si la oferta excede la demanda, la oferta se reducirá (ya sea por las empresas reduciendo la producción o por las empresas cerrando y el capital moviéndose a otro mercado con mayores beneficios) hasta que se genere un ratio medio de beneficio… Si el precio dado genera beneficios por encima de la media, entonces el capital tratará de moverse de áreas de menor beneficio a este área de mayor beneficio, incrementando la oferta y la competencia y de esta manera, reduciendo el precio hasta que el se produzca otra vez un ratio medio de beneficios… Si el precio hace que la demanda exceda a la oferta, esto causa un alza de precios en el corto plazo y estos beneficios extra indican a otros capitalistas a que se muevan a este mercado. La oferta de un producto tenderá a estabilizarse a cualquier nivel de demanda, al precio al que se produzca un ratio medio de beneficios… Este nivel de beneficios significa que los productores no tienen ningún incentivo para mover el capital dentro o fuera de ese mercado. Cualquier cambio de este nivel en el largo término depende de los precios de producción de los productos (precios de producción más bajos significan mayores beneficios, indicando a otros capitalistas que el mercado puede ser beneficios para nuevas inversiones).La demanda juega su rol en la determinación y movimiento de los precios, pero sólo al corto plazo. En el largo plazo, los precios de mercado tienden a reflejar los costos de producción, que están compuestos por el tiempo de trabajo. Es inevitable ver la similitud entre esta explicación de los procesos de mercado, de las teorías del equilibrio neoclásica y austriaca. La misma FAQ reconoce esto: «Se podría argumentar que esta teoría de “los precios de producción” está cerca de teoría neoclásica del “equilibrio parcial”. En cierta manera esto es cierto. Marshall básicamente sintetizó esta teoría desde la teoría marginal de la utilidad y la antigua teoría de “costes de producción” que J. S. Mill había derivado de la teoría laboral del valor». De hecho, yo sugeriría que no hay diferencia entre ambas. No obstante, esta FAQ afirma que hay cinco diferencias fundamentales.
Primero, la teoría laboral del valor no entra en el razonamiento circular asociado con los intentos de derivar la utilidad de los precios que hemos indicado más arriba. Segundo, argumenta que la renta, los beneficios y los intereses es trabajo no pagado a los trabajadores más que “premios” a los dueños por ser dueños. Tercero, es un sistema dinámico en el que los precios de producción pueden y de hecho lo hacen cuando se toman decisiones económicas. Cuarto, puede fácilmente refutar la idea de la “perfecta competencia” y darnos cuenta de una economía marcada por las barreras de entrada y la dificultad de revertir decisiones de inversión. Y, por último, los mercados de trabajo no necesariamente se despejarán en el largo término.Sobre estas críticas hacia el modelo de equilibrio parcial, algunos pueden juzgarse justos, y otros pueden discutirse. El primer punto no queda claro a qué se refiere. Puede referirse al concepto de elasticidad ampliamente desarrollado por Marshall —una de sus más grandes contribuciones—, el cual sería absurdo discutir. O bien puede referirse, como permite inferir la crítica de la FAQ a la “teoría subjetiva del valor” del apartado anterior (sección C.1.1), que se basa en la teoría de Jevons [2]. Justamente, las teorías de Jevons han sido las menos populares del marginalismo. La ciencia económica se edificó principalmente sobre las bases de Walras —por parte de la escuela neoclásica— y sobre de Menger —por parte de la escuela austriaca—. Achacar a la teoría de la utilidad marginal un error de uno de sus expositores más débiles, en lugar de atacar las sólidas aportaciones de Böhm-Bawerk y Wieser, tiene tanto valor como rechazar la teoría laboral del valor de Marx en base a los errores del socialista utópico Charles Fourier. El segundo punto es bastante errado ya que la teoría de la utilidad marginal no intenta filtrar una conclusión normativa ni una defensa del capitalista como merecedor de “premios”, por más que algunos apologistas lo hayan hecho. Los puntos tres y cuatro son acertados, y en este la teoría presenta una clara semejanza con la escuela austriaca. El último punto, si bien parece ser el más conflictivo, es el que menos espacio y atención recibe.
Las conclusiones radicales de esta teoría laboral del valor, bien aplicada a los procesos de producción y distribución del capitalismo, es bien sabida por esta FAQ:
Desde los tiempos de Adam Smith en adelante, les radicales han utilizado la teoría laboral del valor para criticar el capitalismo. Les economistas clásicos (Adam Smith y David Ricardo y sus seguidores como J. S. Mill) argumentaban que, en el largo término, los productos se intercambiaban en proporción al trabajo necesario en producirlos. Así el intercambio de productos beneficiaba a todos ya que recibían un valor equivalente de trabajo igual al que han expedido. Sin embargo, esto dejó la naturaleza y la fuente del beneficio capitalista sujeto a debate, debate que pronto se extendió por la clase trabajadora. Mucho antes de que Karl Marx (la persona más asociada con la teoría laboral del valor) escribiera su famoso (infame) trabajo El Capital, socialistas ricardianos como Robert Owen y William Thompson y anarquistas como Proudhon ya usaban la teoría laboral del trabajo para presentar una crítica al capitalismo, exponiéndolo como basado en la explotación (los trabajadores de hecho, no recibían en salarios el equivalente al valor que habían producido y así el capitalismo no estaba basado en el intercambio de equivalentes).Estas son las conclusiones lógicas de la teoría laboral del valor. Y si bien no deja de ser errada, lleva a las mismas conclusiones a las que un defensor de la libertad de mercado que se basa en la teoría de la utilidad marginal puede llegar. Si en el largo plazo el mercado, mediante la libre competencia, la “ausencia de barreras de entrada”, tiende al equilibrio sin llegar a él, los beneficios extraordinarios desparecerán, y los trabajadores recibirán un salario acorde con su productividad marginal, o lo que los mencionados socialistas ricardianos y Proudhon llamaban el “producto íntegro de su trabajo”. Por lo que, si el anarcocomunismo se aferra a esta teoría, es tan legítimo defender la organización comunal e igualitaria como defender la libertad de mercado. Es más, la segunda opción sería aún más legítima, puesto que lo que los defensores de esta teoría critican del capitalismo es que en un mercado que no es verdaderamente libre, estos pueden apropiarse de parte del producto del obrero, cuando éste debería recibir el producto total como salario. Bajo una organización solidaria, el trabajador tampoco recibiría el producto íntegro de su trabajo: todos los bienes serían socializados y todos recibirán una dotación acorde a sus necesidades y no acorde a su labor.
En realidad, esta teoría cae en varios errores lógicos. En primer lugar, los costos de producción también son precios, y no queda claro porqué es posible reducirlos a unidades de trabajo por unidad de tiempo [3], con lo que el resultado es un razonamiento circular, según el cual “los precios están determinados por los precios”. En segundo lugar, los precios de los bienes finales o de consumo son los que determinan los precios de los bienes de etapas previas o de producción, no viceversa. Afirmar lo contrario es contradecir la lógica temporal de los procesos productivos y la experiencia, como ha demostrado Menger. En tercer lugar, creer que costos más altos determinan precios más altos —aunque se esté en el llamado largo plazo—, es un absurdo económico de fácil refutación. Después de todo, ¿si los productores tienen el poder de subir sus precios sin importar la dimensión de la demanda ante un alza en sus costos, porqué esperar a que estos se den? ¿No sería más acorde con la premisa inicial, que “el beneficio es la fuerza motriz del capitalismo”, subir los precios de sus productos en el momento que lo deseen, y aumentar así sus beneficios? Sería más correcto afirmar que los costos determinan la tasa de beneficio, pero afirmar que determinan los precios es, evidentemente, una falacia.
Pero esta FAQ, al contrario, cae en un error aún mayor, y es el de asumir que el mercado libre conduce a la concentración de capital y a la formación de monopolios y oligopolios (ver sección C.4). Siendo que la diferencia entre un mercado concentrado y uno en el que predominan pequeñas empresas que compiten entre sí, son los altos precios y los beneficios extraordinarios que las grandes empresas pueden percibir, se deduce de ello que los precios no corresponderán, en tal caso, con los costos de producción. Es decir, esta FAQ establece que los precios no coinciden con el tiempo de trabajo ni en el corto, ni en el largo plazo. La defensa previa de la teoría laboral del valor, basándose en el apoyo empírico del largo plazo, se viene abajo al intentar atacar el libre mercado, con lo que dicha teoría pierde total relación con la realidad.
En definitiva, los anarcocomunistas comienzan adoptando una teoría contra el capitalismo que los conduciría a defender el libre mercado —como hiciera Proudhon—, pero para criticar el libre mercado adoptan una teoría que contradice la primera. Los anarcocomunistas deberán, o bien reconocer que el programa de Proudhon, Tucker, y los anarquistas de mercado, es coherente con la premisa que ellos mismos defienden: que el trabajador debe obtener el producto íntegro de su trabajo, y que todo salario inferior equivale a un robo, directo o indirecto, por parte de los capitalistas; o asumir que no tienen forma de demostrar que el capitalista explota al obrero, pero que el mercado libre tiende a la concentración y a los monopolios, premisa también sumamente discutible. Mientras la primera opción los llevará necesariamente a aliarse a los anarquistas de mercado, la segunda los llevará a un inevitable pseudo-estatismo. Mientras los anarcocomunistas sigan rechazando el anarquismo de mercado por temor a que desde el marxismo y otras tendencias de izquierda se los acuse de “individualistas”, y mientras desde el anarquismo de mercado se siga rechazando el anarcocomunismo por temor a que los liberales y los randianos los tilden de “colectivistas”, no existirá conciliación posible. Existirán diferentes tendencias que comparten más puntos en común que en contradicción, pero que se rechazan mutuamente por motivos ajenos a sus propios principios teóricos y prácticos.
[1] En terminología marshalliana esto se denomina “beneficios normales”, y está determinado, como ha demostrado Böhm-Bawerk, por la tasa de interés. Curiosamente, esta “teoría anarquista del valor”, como veremos, tiene mucho de marshalliana.
[2] Textualmente, dice: «Los primeros marginalistas… argumentaron que el precio reflejaba la utilidad en el “margen” (Jevons, uno de los fundadores de la escuela marginalista, argumentó que “el grado final de utilidad determina el valor”); pero ¿qué determinaba la posición del margen mismo? Está establecido por la disponibilidad de la oferta (“la oferta determina el grado final de utilidad”— Jevons); pero ¿qué determina el nivel de oferta? (“El coste de producción determina la oferta”— Jevons). En otras palabras, el precio depende de la utilidad marginal, que depende de la oferta, que depende de los costes de producción. En otras palabras, finalmente se basa en una medida objetiva (oferta o costes de producción) ¡en vez de evaluaciones subjetivas!».
[3] Las críticas de Böhm-Bawerk en este punto, han sido contundentes e incontestables. Ver Una contradicción no resuelta en el sistema económico marxista (1896). Si bien la crítica se dirige a Marx, la reducción de todo tipo de trabajo, sea especializado o simple, bajo la medida de “tiempo de trabajo”, es común a ambas teorías del valor.
7 comentarios:
Jaja, que oportuno,estaba leyendo la FAQ anarquista, los apartados de economía, miro a ver que has escrito y BAM!!! veo esto XD.Buen texto, me gustaría añadir que el día que fundamenteis una teoría económica que no justifique el asalariamiento (como hace la Austríaca),ese día tendreís la comprensión de los anarquistas, hasta entonces, el río seguirá su cauce.
Saludos
Raskolhnikov
Muy buen post, Langlois.
La teoría de la concentración de Marx -que toman los ancoms- presupone implícitamente que las grandes empresas son más eficientes que las pequeñas, pero no caen en la cuenta que esa mayor "eficiencia" se basa precisamente en que una porción creciente de sus actividades está apartada de los mecanismos del mercado por el Estado (subsidios al transporte, etc.).
Se me olvidaba comentar una cosa.
Sobre la teoría del valor trabajo, estoy completamente de acuerdo contigo: su análisis sobre las tendencias a largo plazo puede ser útil -a pesar de que en sí ya plantea muchos problemas-, aunque esto ya le despoja de su significado principal. En última instancia, la formación del valor -que es para lo que fue diseñada- solo puede explicarse desde el marginalismo.
Por cierto, Raskolhkinov, desde nuestras humildes posibilidades muchos llevamos utilizando la teoría austriaca al margen de la apología corporativa sin ningún resultado. Los anarcocomunistas siguen achacándonos que nuestro programa lo firmaría la patronal, etc.
Bueno, quizás le falte un toque de radicalismo, algo así como Marxismo a la austríaca,algoq ue demuestre que los empresarios explotan al currante.
¿No estabas currandote algo parecido? algo de una teoría del intercambio desigual,creo... ¿No?
Saludos
Raskolhnikov
Me parece un análisis muy sólido. Siempre me pareció que, en un cierto punto, estas teorías que en un principio se bifurcan encuentran una unión. Vamos, incluso lo podemos encontrar en el tratamiento de las crisis, donde llegan a caracterizar correctamente algunos aspectos tales como la sobreproducción (aunque terminan por ignorar las verdaderas causas y lo recubren todo de un tinte moral). Finalmente todas estas teorías anticapitalistas parecen anteponer el desprecio a este sistema económico sin importar si sus análisis puedan, de alguna forma, conducir a la comprensión de que los mecanismos espontáneos del mercado son precisamente los que más prosperidad logran.
Raskolhnikov, ¿realmente es necesario intentar demostrar que, per se, todo asalariado es explotado por el empresario? La teoría subjetiva ya ha dado pruebas de que intrínsecamente la explotación no existe. Se puede dar, claro, mediante diversos mecanismos que no son particularmente inherentes al funcionamiento del mercado y los precios.
Raskolhnikov, creo que no hay porqué intentar demostrar que el empresario explota al trabajador o que el empresario “merece” el beneficio que recibe por aportar su capital. Esas son conclusiones normativas que de ninguna manera pueden extraerse de premisas positivas. A lo más que puede llegarse, creo yo, es a afirmar que, bajo ciertas condiciones el empresario puede ser tanto un explotador (en un mercado intervenido, donde se manipulan las condiciones de oferta y demanda vía Estado), y bajo otras un productor (en un mercado libre, donde tiene que competir y asignar recursos eficazmente, llevando el sistema de precios al equilibrio).
Víctor, los anarcocomunistas caen, al igual que el marxismo, en el error que mencionás porque malinterpretan el sentido de la lucha de clases y el materialismo histórico. A priori, establecen que el Estado forma parte de una superestructura abstracta de ideología, ideas y fantasmas, que está determinada por las relaciones puramente económicas de trabajo e intercambio. De esto sólo puede deducirse que el Estado no tiene ningún papel económico ni influencia en el mundo material bajo el capitalismo, así que, de entrada, tienen los ojos en otro lado.
Cronos, muy acertado tu comentario. Existen muchos puntos de unión incluso en el aspecto económico entre el pensamiento anarcocomunista y el anarquismo de mercado, y creo que se debe principalmente a que los primeros se basan en la escuela clásica y los segundos en la escuela austriaca, que son las que más coincidencias tienen. Como el ejemplo que das de las crisis: ambas tendencias identifican el problema en la “sobreproducción de los medios de producción” (lo que en terminología austriaca sería “sobreinversión en bienes de capital”). Simplemente yerran al identificar las causas. Pero estos puntos de unión aparentemente no valen nada, porque como decís, anteponen el rechazo al mercado incluso a la coherencia con sus premisas.
Un saludo!
Los anarquistas individualistas "son firmes en la idea de que el sistema de empleador y empleado, compra y venta, banca, y todas las otras instituciones esenciales del Comercialismo, centradas en la propiedad privada, son buenas por sí mismas, y son viciadas únicamente por la interferencia del Estado".
Voltairine de Cleyre
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